🔳 #RevistaMalinali | En #Zacatecas, la tragedia del campo no solo se mide en sequías, malos temporales o coyotaje, también se mide en la falta de escrúpulos de una clase política que ve en el sudor del campesino una oportunidad de rentabilidad electoral.
Lo ocurrido recientemente con las movilizaciones de productores de frijol es el ejemplo más claro y cínico de cómo las demandas legítimas de quienes alimentan al estado y al país, son secuestradas por intereses partidistas.
Resulta particularmente indignante la actuación, por citar un ejemplo, del alcalde capitalino, el panista Miguel Varela, quien dejando de lado sus responsabilidades municipales, pretende erigirse como un supuesto “abanderado” de los productores.
Bajo el disfraz de solidaridad, Varela ha operado para azuzar el conflicto, promoviendo marchas y brindando apoyo logístico que no busca la justicia social, sino el golpeteo político y el posicionamiento de su figura de cara a sus ambiciones personales.
Los más recientes estudios de opinión de diferentes casas encuestadoras revelan la desesperación de Miguel Varela: él, su gobierno municipal y el Partido Acción Nacional están reprobados por la ciudadanía.
Y mientras la capital enfrenta graves retos de servicios y seguridad, el llamado “Niño Azul” prefiere jugar a la desestabilización protegido y financiado desde el gobierno panista de Aguascalientes y su gobernadora Tere Jiménez, para tratar de incidir en la carrera de la sucesión gubernamental en el 2027.
Como bien señaló el Secretario General de Gobierno, Rodrigo Reyes Mugüerza, no se puede permitir que “los lobos se disfracen de corderos”.
El uso político que hace el edil capitalino de estas protestas es evidente: mientras el Gobierno Federal ha logrado un acopio histórico de casi 98 mil toneladas pagadas a un precio sin precedentes de 27 mil pesos, protegiendo al pequeño productor de las garras del “coyotaje”, los oportunistas como Varela intentan descarrilar estos avances con listas de beneficiarios inexistentes y narrativas de confrontación.
No hay que confundir la gimnasia con la magnesia: La reciente irrupción en la Legislatura local y el Palacio de Gobierno por pseudo líderes campesinos no son actos de desesperación agraria, sino movimientos calculados por actores que buscan llevar agua a su molino electoral a costa del bienestar de miles de familias rurales.
Es un “coyotaje político” que resulta tan dañino como el comercial, pues ambos despojan al campesino de su dignidad para convertirla en botín.
El campo zacatecano no necesita “centros de hidratación” de políticos que solo aparecen para la foto en las marchas, necesita diálogo real y cumplimiento de reglas de operación. Miguel Varela y sus aliados deben sacar las manos y dejar de manipular la necesidad ajena de los productores zacatecanos.
