
🔳 #RevistaMalinali | Dicen que los datos matan el relato. Y en el tema de seguridad, como en otros, esta máxima popular describe esa incomodidad que produce en muchos reconocer que algo se está haciendo bien.
Durante años, #Zacatecas fue utilizado como el ejemplo perfecto del colapso de la seguridad pública en México. Se construyeron infinidad de campañas con el tema, banderas politiqueras y discursos alarmistas bajo la premisa de que el estado estaba condenado a la violencia perpetua.
Hoy, cuando los indicadores oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública demuestran un quiebre histórico en la tendencia criminal, esas mismas voces optan por la salida más cómoda, pero menos honesta: negar la realidad sin un solo elemento de prueba.
La ceguera voluntaria de quienes insisten en no reconocer el avance fronteriza raya ya en el absurdo.
Las cifras consolidadas al cierre de abril de 2026 no son estimaciones ni promesas de campaña; son realidades métricas presentadas en la conferencia matinal de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Una reducción del 61.8% en homicidios dolosos durante el primer cuatrimestre del año en comparación con 2025 no ocurre por accidente.
Tampoco es una casualidad que el promedio diario de víctimas haya desplomado un 82% desde que inició la administración de la Presidenta Sheinbaum Pardo, pasando de 1.13 a un histórico 0.20.
Pero, ¿Por qué duele tanto aceptar que Zacatecas hoy registra apenas seis víctimas en un mes, representando el 0.4% del total nacional?
Porque reconocerlo implica admitir que la estrategia de pacificación diseñada por el Gobernador David Monreal Avila, en sintonía con el Gabinete de Seguridad federal, encabezado por Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, está funcionando.
Significa aceptar que el modelo de coordinación institucional —ese que tanto criticaban— sí da frutos cuando se aplica con inteligencia, despliegue territorial sostenido y desmantelamiento financiero.
La captura de objetivos prioritarios regionales del Cártel Jalisco Nueva Generación, como Audias “N” Flores, alias “El Jardinero”, y su operador logístico César Alejandro “N”, demuestra que no se trata de una tregua pasiva, sino de un combate estratégico de alta precisión.
Las secretarías de Marina, Defensa Nacional y la Fiscalía General de la República han asestado golpes quirúrgicos que desarticulan las estructuras que antes operaban con total impunidad.
Zacatecas se ubica ya en la cuarta posición nacional entre los estados con menor incidencia delictiva, muy lejos de la media del país.
Quienes insistan en el discurso del caos tendrán que explicarle a la ciudadanía por qué sus argumentos carecen de cifras, de sustento y de rigor.
La pacificación de Zacatecas es una realidad estadística e institucional.
Negarlo ya no es disidencia política; es simple terquedad informativa frente al peso indiscutible de los hechos.
