Hay muchas cosas que decir..
Andres Manuel López Obrador demostró que es un hombre de deseo, congruente con lo que propuso hacer para lograr la transformación que necesitaba México para salir de la decadencia en la que se le sumió a través de una campaña de corrupción generalizada y controlada desde la cúpula del régimen “Neoporfirista” de las décadas pasadas.
Combatió y contrarrestó la logística privatizadora que se impulsó y dejó a México en la pobreza y las llamas del narco Estado.
Devolvió la soberanía y la dignidad de los ciudadanos mexicanos.
Dejó en marcha el camino a seguir para consolidar el Estado de bienestar que se espera en México, con el apoyo de más del 70% de la población.
AMLO encarnó el discurso de los que construyeron la historia de México, de Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Cárdenas, etcétera; fue congruente con el espíritu con que se ha escrito la Constitución mexicana.
Se convirtió en el padre del México moderno.
Fue un presidente místico, cómo él mismo lo reconocía, consideraba a Cristo como el “líder político” más importante de la historia de la humanidad, y compartía la máxima de que había que ayudar con mayor razón a los más necesitados: “Por el bien de todos primero los pobres”.
Como es de esperarse una política así en un mundo hiperindividualista es inaceptable y/o incomprensible, pero AMLO se encargó de transmitir todos los días durante 6 años el sentido de su política, su “economía moral” y el así nombrado “Humanismo mexicano”, su discurso fue sentido y asimilado por millones de mexicanos, con quienes además reconoció un pacto social: “Amor con amor se paga”.
Demostró finalmente que: “El poder solo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás “.
Para mí se concluyeron ya 24 años de acompañar su trayectoria. Una travesía muy intensa e interesante, mucho aprendizaje y la dicha de formar parte de este momento de la historia de México.
Religar con el México profundo y con el concierto de las naciones.
