PROTESTAS FRIJOLERAS: LAS MANOS QUE MECEN LA CUNA

 

🔳 Revista Malinali | El campo zacatecano atraviesa un momento definitorio. Tras la reciente reunión entre el Gobernador David Monreal Avila, la titular de Alimentación para el Bienestar, María Luisa Albores González, y el subsecretario de la SADER, Leonel Cota Montaño, el mensaje enviado desde el corazón de la producción de frijol es contundente: el recurso es para quien trabaja la tierra, no para quien lucra con ella.

La advertencia de Cota Montaño no fue al aire. Al señalar directamente que no se permitirá el acopio de grano por parte de líderes o figuras políticas —mencionando incluso a “compañeros” del movimiento de Cuarta Transformación, el Gobierno Federal marca una raya indispensable.

El mensaje tenía destinatario específico para tres diputados federales zacatecanos: José Narro Céspedes, Alfonso Ramírez Cuéllar y Ulises Mejia Haro.

Los mismos que hoy buscan boicotear la vista programada para este sábado de la Presidenta a Claudia Sheinbaum bajo el manto de protestas campesinas.

El enemigo de siempre: El intermediarismo

Por décadas, el productor zacatecano ha luchado contra dos plagas: la sequía y el “coyotaje”. Ambas, utilizadas para beneficio propio por personajes como los antes mencionados.

Estas organizaciones y acopiadores que buscan captar la cosecha a precios de hambre para luego revenderla con ganancias estratosféricas, son el cáncer de la economía rural.

La estrategia actual busca asfixiar esa práctica mediante una inversión social de 2 mil 600 millones de pesos y un precio de garantía que ya ha logrado acopiar 90 mil toneladas.

Sin embargo, la logística no es suficiente si no hay blindaje político. El intento de ciertos liderazgos por “gestionar” o acaparar el grano bajo siglas partidistas o banderas sociales es, en los hechos, una forma sofisticada de intermediarismo que la SADER ha prometido erradicar.

Cuentas claras, manos fuera.

Las cifras presentadas para el ciclo 2026 son ambiciosas: más de 56 mil tarjetaspara dispersión directa, fertilizantes para 50 mil productores y la modernización de infraestructura como la cribadora en Sombrerete.

Pero el éxito de esta numeralia depende de un solo factor: que el apoyo llegue sin escalas.

No hay espacio para la politización de los programas. Permitir que un líder social o un legislador se interponga entre el presupuesto y el surco es traicionar la confianza del campesino.

La instrucción es clara: trato directo o nada.