🔳 #RevistaMalinali | Lo ocurrido recientemente en la Cámara de Diputados con la familia Mejía Haro es una mentada de madre a los zacatecanos. Que el diputado federal Ulises Mejía Haro haya dejado su curul para heredársela directamente a su padre y suplente, Antonio Mejía Haro, es la prueba fehaciente de que para algunos la “transformación” no es más que una marca registrada para asegurar el patrimonio familiar.
En un juego de poder, el hijo le hereda el cargo y el millonario sueldo ahora a su padre, en una acción de patrimonialismo descarado, como si el puesto fuese de su propiedad.
A ambos, a Ulises y Toño, se les olvidó que las diputaciones o los cargos de representación popular no se heredan, se ganan; o por lo menos eso quiere aparentar Morena.
Las cargos pertenecen a las y los zacatecanos que con su voto eligieron a tal o cual persona, no al árbol genealógico del legislador en turno.
Al operar este relevo, los Mejía Haro revivieron el peor de los cacicazgos locales, ese mismo que juraron destruir.
Ulises Mejía, con un pasado oscuro cargado de traiciones partidistas y de violencia política en contra de mujeres,con una mano firma las promesas de acabar con el influyentismo y con la otra acomoda al patriarca en el presupuesto federal.
Lo de Ulises heredando el cargo a su frustrado padre es una traición ideológica absoluta que ha encendido la indignación de todos los sectores de Zacatecas.
Lo risible del asunto es que fue el mismo Ulises Mejía quien junto con sus correligionarios guindas impulsó reformas para prohibir justamente este tipo de actos de nepotismo, pero como la entrada en vigor se pactó convenientemente hasta el año 2030, decidió aprovechar la ventana de impunidad temporal.
“Es legal”, dice Ulises con soberbia y escupiendo su nepotismo a la cara de todos los zacatecanos, comprobando que para la familia Haro, Zacatecas es y seguirá siendo el feudo de familia.
