🔳 #RevistaMalinali | Apenas hace unos días vimos el tierno anuncio del relevo familiar en la Cámara de Diputados, donde el papá, Antonio Mejía Haro, entró al quite para heredar el cargo que deja su retoño, Ulises Mejía Haro.
Todo parecía una bonita foto para el álbum familiar de los Mejía Haro… si no fuera por el enorme “pequeño detalle” que ambos traen arrastrando en el historial.
Resulta que Don Antonio no llega limpio de polvo y paja a San Lázaro. ¡Para nada! Las malas lenguas —y los expedientes oficiales— recuerdan que Don Toño Mejía también está sentenciado por violencia política de género.
El asunto viene desde el Tribunal de Justicia Electoral de Zacatecas y quedó bien firmado y ratificado por la Sala Regional Monterrey del TEPJF desde el 2020.
Y es que resulta que en los tiempos en que Ulises Mejía mangoneaba en el Ayuntamiento de Zacatecas, se les hizo fácil hacérsela cansada a la entonces síndica municipal, Ruth Calderón Babún.
Y juntos, echando montón padre e hijo y otros funcionarios, se dedicaron en esa época a obstaculizar y meterle el pie a las funciones de la síndica; invisibilizar su trabajo; presionarla para firmar documentos importantes a ciegas y sin revisión y quitarle personal y recortarle recursos para dejarla congelada.
Total, que el Tribunal les dijo “¡así no!” y les clavó la sentencia por andar ejerciendo violencia política y montón a una mujer.
Así el nivel de cinismo de los Mejía Haro: el hijo le deja la curul, el papá se sienta en ella, y ambos comparten el mismo historial de sentencias por violencia política en razón de género ratificado por las máximas autoridades electorales.
¡Qué bonita familia!
