CUBA… ENTRE EL SOCIALISMO, SENSUALIDAD, LIBERTAD Y ANTI TRUMP

GUILLERMO HERNÁNDEZ ZAVALA/OPINIÓN

La Habana, Cuba.- Volver a Cuba es regresar a la alegría de vivir. Es sentirse súper seguro en un país extraño. Es constatar el socialismo en ciernes con sus bemoles. Es palpar las noches del malecón con su vaivén sensual y arrogante de sus mujeres que parece te guiñen con sus caderas y al compás de las olas blanquecinas te invitan al encuentro nocturnal.
Cuba es Cubita la bella… Cuba libre la que el Che, Fidel, Cienfuegos y otros revolucionarios soñaron y que ahora en pleno siglo XXI continúa su camino hacia la creación del hombre nuevo. Nos reciben cruceros, mojitos, calor, taxis viejos y humeantes, calandrias y muchos bici taxis, además de siluetas negrísimas y blancas que te atraen esplendorosamente con su cándido andar.
En víspera de Navidad del 2017, arribamos a la isla que ahora gobierna Raúl Castro, hermano del otrora líder guerrillero que llevó al triunfo de la Revolución Cubana, Fidel Castro, mismo que aquí no ha perdido su lugar, vive en el corazón de los cubanos; o el mismo jefe guerrillero Ernesto Che Guevara, que “revive” en el ruido mundanal de La Habana a través de personajes pintorescos que no deben faltar en todo lugar, la capital cubana no es la excepción.
Observamos una isla bullangera, en ebullición, ronera, muy cubana, con sus apremios económicos, como aquél de que el papel sanitario te cuesta casi un dólar, o el que el día de Navidad a temprana hora salen a buscar la carne para la cena navideña y el lechón, las verduras que se expenden en pequeños carritos y la batalla para encontrar lo deseado… Eso sí nunca falta la venta de ron, cerveza, cigarros, misma que se expende en pequeñas tiendas céntricas, muy cerca del Capitolio, sede del Gobierno Cubano.
Estamos en la calle Galeano, Centro Habana, es nuestra segunda incursión por la isla, allá por los ochentas también anduvimos por acá turisteando, sólo que ahora a pie, sin guía, sin ataduras pues… la libertad socialista se siente de inmediato, no hay casi policía, si acaso uno u dos por allí, platicando, no están armados y como dicen por acá “no hay ninguna necesidad chico… no hay asaltos, robos, narco….” Nada y por el contrario cuestionan “es cierto lo que pasa en México… muertes, violencia, el Chapo…”
El apartamento donde nos hospedamos se ubica en el tercer piso a unos pasos del malecón, cerca del hotel Deauville, y a unas 10 calles del Capitolio.
Por estos rumbos parece nunca duermen o esta calle Galeano está encantada por turistas, cubanos, los clásicos autos antiguos que hacen las veces de taxis, los coco taxis, guaguas y un desfile interminable de jovencitas emperifolladas y labialmente rojas, te coquetean e inmediatamente te ofrecen caricias y sexo al por mayor por tan sólo 10, 20 y hasta 40 dólares, eso sí siempre con condón o sin, “bajo tu responsabilidad”.
Mientras con toda seguridad puedes transitar La Habana, recorrer sus olorosas calles vetustas y arquitectónicas, mismas que huelen a madera vieja, mojada y triste, la alegría y sabor los pone el pueblo; lo haces desde temprano hasta altas horas de la noche y nadie… pero absolutamente nadie te toca. Penadísimo, nos comentan, quien toque o haga algo a un turista o visitante.
Ya es sábado 23 de diciembre todavía del 2017 y hacemos nuestro primer reconocimiento por las calles habaneras que pese al bloqueo económico asoman su movimiento comercial, las tiendas de ropa, almacenes no grandes, pero sí muy ad hoc le dan entrada a cubanos que buscan productos y enseres domésticos. Son preámbulo navideño en un país socialista, sin grandes paquetes ni las grandes compras, van y vienen en busca de sabe qué cosa…Familias enteras sin distinción de color, caminan libremente por esas calles llenas de alegría, de paz y diálogos.
La cerveza Presidente, la Cristal o la Bucanero, irremediablemente aparecen, brota la alegría cubana por aquí y por allá, y la clásica de los de allá “mexicano… pinche, guey, cabrón”, es una forma de los cubanos de identificarnos… soltamos sonrisas cómplices y seguimos el periplo.
Cuba una nación mezcla de criollos europeos, raza negra, mulata y mestizos, negros descendientes de africanos muestra su cotidianidad alegre y trabajadora; taxis que van y vienen, gente que se arremolina en tiendas, otros dan clases de baile, unos más a todo vapor y disponibilidad trabajan en bares, restaurantes, cafés, hoteles, centros de arte; sin faltar aquellos que están en constante búsqueda de poder comunicarse con sus coterráneos que están fuera de la isla.
Uno de los mayores padecimientos de que adolece este país bloqueado por los Estados Unidos, es la falta de comunicación vía telefónica o a través del celular, es solamente por tarjetas y únicamente en ciertos lugares “agarra” la señal, así que es común observar a grupos de cubanos “metidos” en sus aparatos, pero todos como si estuvieran en clases reunidos en plazuelas u hoteles como el Deauville.
O afuera de otros hoteles tomando la señal, es como si fueran juntos adultos en su mayoría, mujeres y hombres, en franca cruzada telefónica, mientras otra vez, por allí el mismo Che “observando” lo que él ni posiblemente soñó…
La seguridad aquí en La Habana, Cuba, es poca, discreta, los policías no andan armados, si acaso cargan una macana y radio, vigilan en pareja, dan la sensación de que andan en recorrido amistoso o de turistas, aquí no pasa nada y los cubanos se mueven muy a su costumbre hablando a gritos, señas y gesticulando, festivos pues.
Mendicidad se percibe poca y, si acaso algunos chispazos de pobreza asoman a través de jóvenes cubiertos del rostro y otros mayores, de vez en cuando hurgan en los contenedores repletos de basura; o como aquel afro rasta que se da su “manita de gato” haciendo arte estético en el Museo Nacional de Bellas Artes Arte Cubano, inmutable el hombre negro se rasura en pleno día en los ventanales del recinto. Pura libertad.
Ya es 24 de diciembre de 2017, nos despierta una bella mañana habanera, soleada y solitaria, mientras la Televisión Cubana, nos atonta con sus programas lentos, tediosos y anti USA; cuenta con noticieros que informan del acontecer mundial e incluyen a México, siempre criticando al gobierno peñista. Ofrecen barras cómicas mismas que solamente ellos por su acento y significado de ciertas palabras, entienden.
Día idóneo para salir y visitar el Museo de San Salvador La Punta, donde se exhiben cañones, armas y pertrechos, espacio en que el pueblo cubano se defendía de las agresiones invasoras del siglo XVII, el Morro a un lado cual testigo viviente allí siempre impasible captando admiración…
Recorrer el Malecón de La Habana es transitar por la historia de este pueblo y el mar azul ofrece una panorámica inmensa; afloran la añoranza, la nostalgia, la tristeza y el anhelo de quienes por allí sentados o caminando “arrojan” sus anhelos y penurias a la mar…buscan como los amorosos el infinito y meditan en la inmensidad del ser y el mar.
Lugar también donde concurren cientos de turistas para la consabida fotografía, no faltan los pescadores, los deportistas mañaneros y ciclistas, sin faltar obviamente las jineteras (prostitutas) que regularmente por la noche hacen del malecón un paseo lleno de sensualidad, fragancia, coqueteo y romance fingido que despierta apetitos por doquier. La incitación es apetitosa, mientras las olas se mecen borrachas de sexo y amor comprado.
De mañana los periódicos cubanos dan cuenta del llamado del General del Ejército, Raúl Castro Ruz, primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, de “consolidar la todavía incipiente participación de la inversión extranjera en nuestra economía”, mientras el sentir del pueblo cubano es que con Trump presidente de los Estados Unidos, ahora “esto está peor, porque Obama se abrió y éste cerró la cosa…”
Los cubanos se quejan, batallan y viven una existencia difícil, por el añejo bloqueo económico a que están sometidos por la nación más poderosa del mundo. Casi todos lamentan esta situación. Un ejemplo de esto es la expresión de Ricardo Agüero Fernández, dedicado a la Rent a Room, en el barrio Fontanar, Boyeros, de La Habana, un chef que recorrió varios trabajos en hoteles y ahora convertido en empresario, hace su lucha pero se queja amargamente del “loco Trump.”
Llevamos ya 4 días en La Habana, parece estamos acostumbrados a la cotidianidad habanera y pues, es tiempo de recorrer restaurantes, asoma por allí la Bodeguita del Medio, y el legendario restaurante Floridita, siempre a reventar.
En tanto el imponente teatro Nacional de Cuba, actualmente llamado “Alicia Alonso”, diversos hoteles y sus construcciones coloniales llenas de aristocracia antigua muestran sus mejores galas al visitante; la gastronomía local hace su aparición y nos llena el ojo el platillo de la langosta que a precio de 12 dólares hace nuestras delicias. La música hace ruido en cada rincón-restaurante cubano y todo mundo se contagia por ese rasgar del tresillo, el meneo del güiro, la cadencia de las maracas y los timbales que no paran de sonar bailando al son que le toquen…
Después de 7 días de estancia ya estás acostumbrado al clima, sabor y olor añejo de la vieja y moderna Habana, a su gente, a sus viejos edificios, a su alegría –como nos comenta la gente por acá- “batallamos, pero vivimos contentos”, a sus niños que, rumbo al Vedado, juegan incansables al béisbol, a sus calles colmadas de alegría, tabaco y ron.
Nos persiguen insistentes sus miradas melancólicas, sus ojos de amor, gozo y sufrimiento, sus siluetas siempre altivas, sus mujeres poseedoras de alegría, lucha y libertad; los varones se entregan a su labor diaria en el taxi, en restaurantes, en carruajes, bici taxis, museos, tiendas y otras tareas.
Se acerca la despedida y damos otro recorrido, de La Habana al aeropuerto, aparecen las infaltables consignas Socialismo, Compromiso Unidad, Fidel Atleta Mayor y todo encaminado hacia el 59 Aniversario de la Revolución Cubana…
Una Revolución y un Socialismo que baila a ritmo de las prostitutas que noche a noche al fragor de las estrellas y el mar, deambulan por el malecón habanero y al vaivén de las olas mueven sus caderas esplendorosas invitando a la caricia, al sexo marino y entrega sinigual. Son labios extremadamente pintados con rojo carmesí que no se cansan de ofrecer sus encantos sensuales y con suave y tierna voz, te susurran a la distancia “ven… ven.. ven… “
Mejor nos despedimos de la Habana vieja degustando por enésima ocasión langosta cubana, acompañada de unos mojitos, con el son bullangero, alegre y creativo del Grupo Sueños del Caribe, quien nos dice adiós con “Nube fría” “Eterna mujer” o “Salvar la tierra”.
Todavía nos esperan más sorpresas en Fontanar. Otra vez aparecen, nos persiguen, serpentean jóvenes boquitas pintadas que mínimo por unos cigarros, una cerveza o algo, te ofrecen… Nos escondemos en “La Covacha” de Omara, sí, la misma cantante cubana que ahora en este barrio cercano al aeropuerto ha instalado su restaurante, empresa donde tarde a tarde asiste y se deleita en el lugar.
Un par de cervezas cubanas hacen volver a nuestra realidad. Sales enamorado de La Habana, de sus calles, de sus mujeres blancas, rubias y negras, de su música contagiosa, de su arquitectura blanca y añeja, de sus museos, del Granma, de su gente festiva, de la seguridad y paz, de su larga flotilla de autos antiguos convertidos en taxis…
Mientras el Socialismo va de la mano del pueblo cubano, las últimas olas del Malecón chocan fuertes y blanquecinas aireando la existencia de amor de mar, de gozo, canto, baile, ellas destilan sensualidad, gimen, gozan; bailan con su libertad…

Texto y fotos: Guillermo Hernández Zavala

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